lunes, 19 de marzo de 2018

El convento de Santa Clara

Historia de su construcción
(Su verdadero nombre es el de San José de la Penitencia)

Este convento está fundado por otro indiano de Guadalcanal como son todos los que están amparados por algunos emigrantes de fortuna al nuevo mundo ya que a pesar de las penumbras, calamidades, e incluso enfermedades, podían con todo solo por el hecho de obtener notoriedad, poder y dinero, llevando en lo más hondo de sus pensamientos su pueblo natal, aquel que un día les vio nacer y jugar por sus calles como cualquier otro niño de sus edades, ¿pero volverían a ver su villa natal?, muchos nos preguntamos cómo sería nuestro pueblo en aquella época, ya que tenemos datos reales de cómo se configuraban las calles y todo lo que conlleva nuestro pueblo, por aquella época no existían las fotografías y con solo algunos dibujos y grabados intentamos recrearlo en nuestras mentes.
Este indiano una vez llegada la edad adulta para poder marchar y emprender la aventura hacía el nuevo mundo, dejó Guadalcanal y cruzó el Océano, ese mar inmenso que desde épocas remotas le temían todas las expediciones, nuestros ancestros pensaban que el final era donde llegaba la vista y allí terminaba el mundo, muchas fueron las teorías desde los filósofos griegos hasta Copérnico y posteriormente Galileo, por fin se pudo demostrar que la tierra era redonda y por mucho que se navegara siempre continuarían sin caer al vació, muchos de nuestros paisanos pudieron emigrar gracias al gran aventurero Cristóbal Colon y posteriores expediciones que desafió al miedo a pesar de que ya tenía experiencia marinas y consiguió descubrir lo que buscaba, no los tesoros sino otras nuevas tierras con especias culinarias.
Ya descubiertas las tierras de la fortuna y del oro comenzaron nuestros paisanos a enrolarse en la nueva aventura, entre ellos se encontraba Don Jerónimo González de Alanís, al que dedicamos esta historia, a pesar de que un número muy numeroso de nuestros paisanos emigraron, aun cuando fue un número indeterminado, se calculan más de estos 500 Guadalcanalenses de distintos oficios, la mayoría eran del gremio de los comerciantes, ya que tenían conocimientos de estas artes, eran empleados por la Casa de Contratación y embarcaban en el puerto de Sevilla, la mayoría por lógica eran solteros y algunos de ellos al morir dejaban sus testamentos a sobrinos, hermanos o familiares directos como en otra ocasión nos ocuparemos de algunos más de ellos y embarcaban en esas carabelas que vemos hoy en día en el puerto de Huelva y que nos sorprenden por su tamaño. Valor tenían para emprender esta aventura a pesar de que les podía más el hecho de amasar fortuna, otro gremio fletado era el de los sacerdotes, monjes o clérigos, su misión era cristianizar a los pueblos indígenas con la palabra de Dios, aprovechaban estas circunstancias y que estaban en un lugar de tantas riquezas y también mandaron sus bienes para hacer capellanías. Uno de ellos Don Melchor Suárez en su nombre mando hacer la reja que estaba en la iglesia de San Sebastián que podemos ver ahora nuestra la iglesia de Santa María de la Asunción, igualmente contribuyeron en las ampliaciones y obras de las iglesias de la localidad, así como en orfebrería, capillas, y pósitos para pobres.
Jerónimo nuestro protagonista decidió invertir parte de su riqueza en el convento mencionado al principio del texto, esta efemérides allá por el año de 1538 y de ahí hizo la fortuna de su testamento. Otorgó la cantidad de dinero de 30,000 pesos de plata para dicha obra, y fue fundado en el año de 1584 al poco tiempo murió, concretamente el 19 de Abril y otorgó testamento en la Ciudad de la Plata en el Perú, ya fallecido se abrió dicho testamento con la cláusula de que todos los días del año el convento le tenía que hacer una misa perpetua por su eterno descanso, desde el día que falleciese. Testa igualmente una capellanía y un pósito para pobres.
Llegó esta cantidad de plata a las manos de su hermana del testador Dña. Catalina para que fuese patrona y fundadora del convento, tomó el censo por su Majestad por comisión suya e hizo la escritura Agustín de Binado el día del glorioso San José el 19 de Marzo de 1589.
Se hicieron después las escrituras de fundación con las condiciones que él propuso, como una capellanía: con 400 pesos de principal, y las misas en dicho convento por un clérigo que fuese cercano a su parentesco, y si no fuese de ese modo un secular, el sacerdote a quien nombrase el guardián del convento de la Piedad le dejó una dote para manutención de los frailes de este convento como fue conocido por nosotros, (el convento de San Francisco, lugar donde se ubica actualmente el cementerio de Guadalcanal), siendo examinado de ciencias y de loables costumbres, y que se dé al patrono 100 pesos a modo de salario por cada año con obligación de dar de ellos 300 reales al convento de San Francisco de esta villa para ornamentos y atender a las necesidades de los religiosos. Pasaron las escrituras ante Fernando de Arana escribano público de Guadalcanal el 4 de Noviembre año de 1589.
A pesar de todo tardó la venía para que dicho convento tuviese su licencia y poder comenzar sus obras, llegó el consentimiento de dicha obra el día 4 de Marzo del año 1591, se notificó al cabildo de la villa, a los párrocos de las tres iglesias y al entonces provincial de los Ángeles, fray Diego de Espinosa, el que con Doña Catalina González de Alanís la hermana del fundador y primera patrona del convento, y del guardián del convento de San Francisco de la villa de Guadalcanal acompañado de otros religiosos y mucha gente principal de la población fueron a tomar posición del nuevo  convento.
El provincial, que lo hacía en nombre de toda la provincia de los Ángeles llevaba en sus manos una cruz de madera y tocando una campanilla hasta que llegaron a las casas de Don Cristóbal Muñoz, y de Hernando Rodríguez, que se habían ya comprado: cavaron en una parte y pusieron la cruz señalando en el sitio y tomando la posesión con el título del glorioso patriarca San José. Pidieron testimonio de todo, que fue dado por Juan González Hidalgo, alcalde ordinario.
         Comenzó la obra del convento en el lugar conocido como calle Santa Clara, ya en este tiempo era fray Juan del Hierro el ilustre hijo de Alanís, provincia de los Ángeles y decreto que fuese fray Alonso de Aspariego al convento de San Juan de la penitencia de la villa de Belvis a por religiosas fundadoras para este convento de Guadalcanal, vinieron 6 la primera Isabel del Espíritu Santo, abadesa nombrada, Juana de la Cena, vicaria, María de la Columna, María de la Transfiguración, Dionisia de la Encarnación y María del Pesebre.
Llegadas a Guadalcanal.-
El licenciado Fernando Sánchez Duran con la venia del provisor de Llerena aprobó la fundación, llevó el Santísimo Sacramento del altar en solemne procesión y lo colocó en el lugar que estaba indicado y preparado para tal ocasión, entraron las seis fundadoras en la cláusula el 28 de Abril del año 1593, para dar comienzo al convento de Santa Clara. Esta leyenda está sacada de los historiadores del pueblo, ya otras veces mencionados en otros escritos y de lo que contaban las personas mayores de nuestro pueblo, al igual que por medio de una familia de la población con poderes en la corte consiguió que ese convento dejase de predicar y dedicarse al culto, todo por el hecho de adueñarse del local para poder montar una fábrica de harina, ese fue el final de dicho convento llamado de Santa Clara.         

          Para posteriormente montar una fábrica de gaseosa cuando se quemó la fábrica anterior que estaba montada en los cimientos de dicho convento, y producía hielo, este producto se vendía por barras para los bares y tiendas de la localidad, hasta que llegó el fatídico día que se quemó dicha fábrica, los que paliaron el incendio fueron los bomberos de la época que procedían de Sevilla y vinieron de dicha capital con sus camiones antiguos y los pocos medios que tenían en esas fechas, lo primero que hicieron fue criticar el lugar y donde podían enganchar las mangueras para el agua, continuaban con las criticas ya que pensaban que donde les iba el agua la terminarían con los grifos a presión llena lo cual le respondieron los lugareños “que pensáis vosotros echar agua que no la termináis, como así ocurrió ya que al quitar las mangueras el caudal comenzó de nuevo con la misma presión del principio y les preguntaron “¿qué pensáis ahora del agua?” el incendio ya estaba sofocado y extinguido la respuesta fue: “lo vemos y no lo creemos”, el agua fue cogida de la fuente de la plaza la que ahora la vemos seca por falta de lluvia, y como el pozo principal que le suministraba el agua es el del coso la tiene seca, en esas fechas no tenía tanto tiradero de dicho venero.         

          Pero anteriormente fue la destrucción del convento ya que fue de mal en mal, ese sitio fue de desgracia en desgracia, pero nos quedó la fábrica de gaseosa con nuestra propia firma como era la “gaseosa La Paisana”, con la botella de cristal trasparente y su tapón de presión y la goma en dicho tapón de color naranja y el dibujo que la decoraba era con una bailarina vestida de gitana.
Otro uso que se recuerda hasta hace pocos años era el molino de pienso en el que se molía el grano para los animales, o también para refugio o cuadras de los animales como eran los burros de algunas personas, y para echar los despojos de carnes para perros, gatos y roedores, ya que estaba en total abandono. Pero a pesar de los siglos siguen luchando sus paredes por sobrevivir al paso
del tiempo como diciéndonos sigo con la lucha ya que no quiero desaparecer, y la prueba la tenemos con su claustro y su fuente central a pesar de las penurias, gran templo seria en sus fechas según la demarcación que coge, pero no solo queda el claustro también queda su pavimento de piedra y la cañería por donde caía el agua que alimentaba la fuente central, nos detenemos a imaginar cuando esas monjas contemplasen el chorro de agua que cayese en dicha fuente y el susurro de la caída del liquido elemento con su puesta de sol, que sitio más ideal para la oración y dedicación a Dios, otras pensarían en hacer el bien a algunas personas, o en leer la biblia ya que era inseparable para ellas, en otra ocasión se mencionaran las obras que hacían por el prójimo, este convento tuvo una bula papal para que le quitasen la obligación de decir misa perpetua por el alma del fundador, ya que los dineros dotados en la herencia de dicha persona se terminaron D. Jerónimo Don Jerónimo González de Alanís fundador y mentor de este convento.
Pero en realidad ¿cómo sería el templo? ¿Y sus monjas? Continuaremos.......




Grupo recuperación de patrimonio de Guadalcanal 
 Marzo 2018

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